La verdad que hace tiempo dejó de ser mía,
tan mía, como tú de este fango que respira...
se revela y se crece ante mi vida
y deja que respire ese cáliz relajante.
Esa vida en copa, que me embriaga,
esa vid que me besa y me alimenta.;
la juventud de tus labios,
hace tiempo me entregaste
y quedan marcados en mis pasos,
los que doy tan a la deriva
y encierran las siete letras
que me engendran tantas sonrisas.
¡Vida! El perfume aún agonizante
vive porque siente que tú eres:
-la que quiso ser mía sin distancias-
sin distancias que tan lejos nos separen.
Pero sabes que tu vida es tan mía,
y mis versos a tus labios se dirigen...
Daré pasos inconscientes, inermes y vacíos,
entonces tú darás el veredicto:
-de quererme amar eternamente-
entonces cuando leas este poema (sin título),
como la vida que tuvimos,
vendrás a embriagarme con caricias,hechas por ti para mi vida.
Juan Carlos A. Piscoya Quevedo.
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